
Si observa que las latas se abultan, probablemente ya haya revisado la junta de sellado. Pero el problema real suele estar en la junta en sí. Si esta no está lo suficientemente blanda, no se logra ese sello hermético que se necesita. Por lo general, esto ocurre debido a “zonas frías” en las lámparas de precalentamiento por infrarrojos. Si el calor no llega a todos los puntos de la junta, eso genera fugas diminutas. Al principio no se notan, pero una vez que las latas pasan por el proceso de esterilización, el gas se acumula y, ¡voilà!, las latas se abultan. Usamos lámparas de infrarrojos de onda corta, porque estas logran calentar profundamente el material. Las lámparas de onda larga solo queman la superficie, mientras que las de onda corta afectan el núcleo del material. Es como la diferencia entre asar un filete a fuego alto y cocinarlo realmente bien. Ajustar todo correctamente Aquí es donde la mayoría de las personas cometen errores: ajustar la potencia y la longitud de la lámpara según la velocidad de movimiento del transportador. Si la lámpara es demasiado débil, las latas pasarán rápidamente por la zona de calor sin calentarse lo suficiente. Nosotros fabricamos radiadores para lograr una alta densidad de calor, pero hay que tener cuidado. Si el punto focal no está correcto, se sobrecalentará el cuerpo de la lata. La energía debe concentrarse únicamente en el borde de la lata. Ni más, ni menos. Evitar el desperdicio Cuando el calor es uniforme, todo funciona bien. La junta se ablanda perfectamente, la rueda de sellado hace su trabajo y se obtiene un sello sólido y limpio. La tasa de desperdicio disminuye, y las latas abultadas desaparecen. Un último consejo: estas lámparas de alta intensidad consumen mucha energía. Asegúrese de que su sistema eléctrico pueda soportar la corriente máxima. Si hay una caída de voltaje, el espectro de calentamiento cambia, y de repente la calidad del producto se ve afectada. Es un detalle pequeño, pero puede arruinar todo un lote de productos.